
Lo más impactante fue la generosidad del artista, que nos explicó y nos enseñó todo con una paciencia tremenda, respondiendo a todas nuestras preguntas. Primero cogió una placa de cobre donde había grabado un alumno una figura mitológica, le echó tinta, y después fue poco a poco limpiándola con una tela especial, llamada "Tarlatana". Cuando ya había quitado gran parte siguió limpiándola con la mano, porque nos explicó que no hay nada como el contacto directo con el material para sentir dónde sobraba o faltaba tinta. Parecía que estaba acariciando la pieza con esas manos negras, que nosotras curiosas y prosaicas le preguntamos con qué se las limpiaba y nos contestó tan tranquilamente "pues con jabón y un estropajo viejo". "Un peeling, vamos", dijo Pepa. Luego se echó en las manos unos polvos que tienen el bonito nombre de "blanco de España" (y que luego no es más que tiza) para secarse la tinta de las manos y no emborronar la plancha.
Nos comentó que cuando compráramos algún grabado con una edición limitada los mejores eran los del medio (si pone 1/100, comprar el que se acerque más al 50). Enseñó obras de sus alumnos y de él con diferentes técnicas, que fue explicando para que entendiéramos el proceso: parafina, litografía, etc, etc.

Cristina contó que su primer exlibris se lo regaló Jesús con un diseño suyo. Una ventana gótica tras cuyas columnas aparecen sus iniciales.

Al salir también nos enseñó un papel muy especial hecho a mano, que venía no me acuerdo de donde pero lejísimos, y lo acariciaba como si fuera un tesoro, que seguramente lo sea. Medía tres metros y estaba hecho de una pieza. Nos enseñó a sentir el tacto de diferentes papeles, y su importancia dentro de su trabajo.
Os lo he expuesto a mi manera pero lo que quiero que sintáis es lo que yo sentí, tenía la sensación de estar en un terreno reservado sólo para unos pocos elegidos, no es fácil poder colarse en el santa-sanctorum de un artista y que además, nos regale su tiempo, sus conocimientos, su maestría con tanta humildad y tan generosamente. Pienso que a
una exposición puede ir cualquiera y yo soy una de las afortunadas que he estado en "la cocina" de un artista.
Gracias Cristina. Gracias Jesús
María-Norte.
Gracias Cristina. Gracias Jesús
María-Norte.
P.D. Os recuerdo el enlace a su página web: www.jesustejedor.com, donde podréis curiosear sobre su vida y su obra y de donde Cristina ha pirateado las fotos que ilustran esta entrada (perdón a Jesús, espero que no nos cobre derechos de autor). Cuando nuestra fotógrafa oficial, que se quedó sin pilas enmedio de la visita, nos pase las fotos, las incluiremos también.
3 comentarios:
Gracias, María. Te pedí que lo hicieras tú porque yo no soy objetiva. Ya te he añadido las palabras que tú no recordabas y "algún añadido" más.
Yo disfruté muchísimo, aprendí de él y volví a sentir algo que había olvidado: el aire es especial en los sitios donde el arte impregna las paredes, cada mancha es la huella de una obra que ha unido la mente y las manos del artista. Esas manchas y ese desorden ordenado los conozco desde niña, pero cuando desaparece el artista, el espacio deja de tenerlo y se convierte en un lugar anodino, se le ha ido el alma. Ayer volví a sentir el aroma del arte. Gracias a Jesús por dejarme hacerlo.
Yo disfrute una barbaridad y aprendí muchísimo y bueno cristina que kieres q te diga¡ que "la maria-norte" lo ha hecho muy bien...ten cuidado que te kita el puesto...besos
Ni a la suela de los zapatos, le llego yó a nuestra blogmaster, ¿ tú crees que yo solita me acordaba de que en el nombre de la tela esa con que limpiaba era "tarlatana"?, pués así con otras cosas, pero ella lo ha dejado bonito, bonito, con fotos y tó.
Efectivamente, fué una gran experiencia.
Un beso
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