martes, 6 de mayo de 2008

LECTORAS CON ARTE... MAYO. Matisse

¿No os dan ganas de ser la protagonista? Cuando descubrí este cuadro quise ponerme en su pellejo para pasar una tarde, ociosa, perezosa, sentada bajo la sombra de un árbol y acunada por el rumor de las hojas que juguetean con la brisa, refugiada en la lectura de un libro, con la única obligación de pasar una página tras otra, una hora tras otra.

¿No podéis sentir la frescura? esa frescura que te obliga a ponerte un chalequito y a tocar tu piel, estremecida por el contacto del viento.

¿No pensáis que era Mayo? mes en el que la vida vuelve a brotar con fuerza, en la que el jardín, del que apenas vemos un trozo, se despereza del letargo invernal y se cubre de mil colores, desvistiéndose de la monotonía monocolor con la que se protegía del frío.


¿No os dan ganas de pintar? pintar como él, Henri Matisse, dejándose llevar por el color para dibujar las formas, embriagado por el color a óleo, a hierba, a vida, observando el mundo con atención desde el otro lado del lienzo para hacerlo inmortal, para hacernos sentir lo mismo que sintieron ellos esa tarde del mes de mayo.

HENRI MATISSE (Francia, 1869-1954)

Pintor francés líder del fauvismo. Es una de las grandes personalidades en el arte del siglo XX, y un maestro a la hora de expresar sentimientos a través del uso del color y la forma.

Nació en el norte de Francia en 1869, en una familia de clase media. Estudió derecho en París y ejerció como abogado hasta que en 1890, mientras se recuperaba de una apendicitis, se sintió atraído por la pintura. En 1892 abandonó su carrera de abogado e ingresó en la Escuela de Bellas Artes de la capital francesa, formándose en la tradición académica y conservadora, por lo que su primer estilo consistía en una forma convencional de naturalismo, copiando los cuadros de los maestros clásicos. Pero a la vez estudió el arte contemporáneo, sobre todo el de los impresionistas, comenzando su propia experimentación, que le valió una reputación de alumno rebelde.

Su verdadera liberación artística, en términos del uso del color como configurador de formas y planos espaciales, se produjo bajo la influencia de Paul Gauguin, Paul Cézanne y Vincent van Gogh. Entre 1903 y 1904, se enfrentó a la pintura puntillista de Henri Edmond Cross y Paul Signac, que experimentaban con la yuxtaposición de pequeñas pinceladas (a menudo puntos) de pigmento puro para crear fuertes vibraciones visuales de color intenso sobre la superficie del cuadro. Matisse adoptó esta técnica pero la modificó, aplicando pinceladas más amplias. Hacia 1905 había producido unas imágenes cuya audacia cromática rompía con todo lo anterior. Ese mismo año expuso junto a pintores de la misma tendencia, como André Derain y Maurice de Vlaminck. El grupo es bautizado como “les fauves” (literalmente las bestias salvajes) por su uso estridente del color, la distorsión de las formas y su sentido expresionista en la captación de emociones. Fue considerado como el cabecilla del radicalismo artístico, pero se ganó la aprobación de la crítica influyente y de los coleccionistas, como la de la escritora estadounidense Gertrude Stein y su familia.

Matisse, junto al contenido intelectual, siempre destacó la importancia del instinto y la intuición en su producción artística. Afirmaba que un artista no tiene un completo dominio sobre formas y colores, sino que son las propias formas, líneas y colores los que deben dictar al artista sensible el modo en que deben ser combinadas. A menudo aludía al gozo que experimentaba al abandonarse al juego de las fuerzas del color y el diseño, y explicaba las formas rítmicas pero distorsionadas de muchas de sus figuras en términos de la revelación de una armonía pictórica total.

Desde 1920 hasta su muerte, pasó mucho tiempo en el sur de Francia, sobre todo en Niza, pintando escenas locales de colorido fluido y brillante. Durante sus últimos años, debido a la dificultad a la hora de manejar el pincel y a su estado a menudo de postración, se entregó al découpage (técnica de papeles gouacheados y recortados), creando obras de un brillante colorido.

Murió en Niza en 1954. A diferencia de otros artistas, tuvo un reconocimiento internacional durante su vida, gozando del favor de los coleccionistas, críticos de arte y de la generación de artistas más jóvenes. En 1952 se inauguró el Museo Matisse en su ciudad natal.


5 comentarios:

Maria-Norte dijo...

¿Porqué Matisse, ha hecho que mi mano parezca la cara de un perro?

Pilar dijo...

¿Hay algo peor que la desgana? ¿La impostura, la actitud incierta? ¿El estar de un modo que nunca parece de otro? ¿Leer sin saber lo que estás leyendo porque la lectura es la excusa para la indiferencia del que no resulta indiferente?. El que no llega, el que se retrasa, el que me hace sentir que estoy, simplemente, fingiendo mientras, ansiosamente y en silencio, le espero.

Anónimo dijo...

en esta extraña serenidad que da el otoño que me llega, releo de nuevo este pequeño diario ¡qué lejos la primavera! días de incertidumbres y pasiones…...y que bien llegar hasta aquí y no olvidarlo…

Anónimo dijo...

“con la única obligación de pasar una página tras otra, una hora tras otra” (Cristina),... me senté una tarde de principios de mayo 08 en este pequeño rincón…”esperando, ansiosamente y en silencio, al que no llega, al que se retrasa” (Pilar)….

Han pasado los días y finaliza el mes. Y yo sigo aquí, ahora ya aburrida. Las páginas están desgastadas y nadie con quién compartir. Y ahora ya no espero. Desespero.
¿Dónde están mis amigas de hoylibro?

Y mi manocaradeperro entonces (Maríanorte), ahora está enfurecida….manocarade zorro…¡grrr!

( pero a quienes nos gusta….. “siempre nos quedará Matisse” )

Cristina dijo...

Vaya mes!

Mes de vida social ajetreada, de viajes culturales, de primeras comuniones, de estrenos teatrales, de cenas literarias... ¡hablar, hablar, hablar!

Yo no quiero hablar más, ya está todo dicho, sólo quiero leer y disfrutar del placer de la pereza, quiero estar a la sombra de mi árbol preferido y ser acunada por el murmullo de sus hojas, y el piar de los pájaros que lo ocupan. Quiero pasar las hojas de este libro que me espera desde hace tiempo en mi mesilla de noche, un libro sin lector no es nada, objeto inútil.

¡De hoy no pasa! ¡Hoy no estoy para nadie!

Y aquí estoy, en mi rincón favorito... aunque anuncien lluvia.